Por Gonzalo Gallardo (@gonzagallar)
Tras la derrota frente a Corinthians, Riquelme abandona el club de sus amores.
La final de ayer de la Copa Libertadores para Boca no sólo no permitió que el equipo argentino volviera a consagrarse campeón de América tras cinco años, sino que lo despojó del ídolo máximo de la historia del club, Juan Román Riquelme.
La salida de la figura de 34 años es una pérdida sensible e irremplazable que a todo el fútbol argentino le dolerá en lo más íntimo por la belleza futbolística que, quizás no vuelva a ver.
Es difícil encontrar un enganche creativo y organizador de la calidad de Riquelme y, Boca (desde el cuerpo técnico hasta la comisión directiva) no supo como sostenerlo para que no se desmoronara y tomara esta drástica decisión. Su relación con Julio Falcioni fue decreciendo, no convivieron por un cariño mutuo, sino todo lo contrario. Un matrimonio por conveniencia sería la figura justa. Algún día ese “contrato” iba a finalizar porque una de las partes así lo quisiera y, fue Román quien no aguantó más y decidió separarse y desprenderse de la presión que le ejercía el día a día en el equipo del cual es hincha desde pequeño.
La otra parte, la del director técnico de Boca, ahora quizás este más aliviada. No solamente en el club de la "Ribera” tuvo sus problemas con los referentes y cabezas de grupos dentro de los planteles ya que, tanto en Colón como en Independiente tuvo sus inconvenientes con Esteban Fuertes y Lucas Pusineri respectivamente. Falcioni no puede tolerar en sus grupos de trabajo a líderes que pudieran dominar su equipo más que él.
Los egos generaron roces que con el tiempo terminaron de cortar la soga que forzaba la unión. Esta vez pierde Boca y el fútbol argentino ya que, se les va el estandarte mayor de la hermosura en forma de fútbol.

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